Nota: el texto que va a continuación surge a partir de uno de mis más profundos pensamientos, es decir, uno de esos momentos de mi vida en el que estoy haciendo cualquier cosa y se me va la olla de la forma más radical posible. En este caso se refiere al día de ayer mientras estaba pelando patatas.
“Madre mía Santi, ¿te has dado cuenta que hemos cambiado la mili por la erasmus?”
Obviamente soy demasiado joven para haber hecho la mili, por suerte o por desgracia pertenezco a una de esas generaciones que no tuvo la obligación de ir a pasar un año fuera de casa, no tengo la más remota idea a que edad se debía ir a cumplir el servicio militar, ni de que dependía tu destino, que es lo que se hacía allí o incluso que es lo que se comía. Lo único que se (a menos que sea una leyenda urbana) es que uno de los más famosos “castigos” era pelar patatas. Y ahí nace toda esta historia: “¿te has dado cuenta que hemos cambiado la mili por la erasmus?”.
Si uno se fija hay bastantes similitudes entre ambas “experiencias”, se hacen más o menos a la misma edad, pasar un año fuera de casa, conocer y tener que convivir con nuevas personas que seguramente al final serán grandes amigos, pelar patatas… Vale, estamos de acuerdo, no tiene nada que ver irse a hacer la mili con irse a hacer una erasmus, está claro que la segunda es mil veces mejor y eso es lo bueno, hemos cambiado tener que ir a la mili por ir a estudiar un año al extranjero. No hay toque de diana, no hay entrenamiento… un momento, ¿toque de diana? ¿alguien ha intentado dormir con 24 horas de luz?, ¿entrenamiento?, ¿alguien ha intentado subir una colina llena de hielo para llegar a casa a -15ºC?. Está claro que la “experiencia erasmus” depende del destino elegido, pero Finlandia no es precisamente un terreno amigable y total, ese es el sitio al que yo decidí irme y sobre el que puedo hablar.
Esta está siendo mi particular “mili”, con mucha más diversión y menos sufrimiento, perfectamente comunicado con mi familia y amigos gracias a Internet, Msn, Skype… y sobre todo, rodeado de nueva gente tanto de España como de otros países que hacen que la estancia por aquí sea mucho más llevadera. Si estuviera en la mili, el viernes que viene me iría a la guerra, estando de erasmus simplemente me voy de viaje a Rusia. Hay que ver como hemos progresado en unos pocos años.
Así que al final aquí estamos, un año fuera de casa, pelando patatas, ahorrando dinero como buenamente podemos, sufriendo el frío y la nieve, con 24 horas de luz o de oscuridad pero sin duda viviendo una de las mejores experiencias de nuestra vida.
Presenten… arm… digo… patatas!!