El pasado viernes fue una noche de despedidas, la primera de todas las que me esperan por delante esta semana y una de las que más ganas tenía. Poder juntarme con grandes amigos a los que no veía desde hace meses e incluso años fue algo muy agradable y que ojalá pueda repetir cuando vuelva de Finlandia.
La noche comenzó con una cena “íntima” en un Foster’s, una cena surrealista y genial, hacía tiempo que no me reía así y era algo que necesitaba. Sin duda alguna dejamos huella en ese Foster’s, desde la entrada con el momento “ey nano, aquí apesta a vómito” hasta la mesa de chicas que teníamos al lado que nos miraban como diciendo “¿de dónde han salido estos?”, simplemente genial.
Le había prometido a Cris (que no veo desde el colegio) que después de la cena iríamos al pub donde trabaja para hacerle una visita y allí fue donde nos juntamos ciento y la madre. Por una de aquellas los planetas se alinearon, todo el mundo sabía donde estábamos y la gente empezó a acudir al pub, muchas rondas, muchas fotos, muchas risas, muchos reencuentros.
El toque final lo pusimos continuando la fiesta en “treinta y tantos” (teníamos entradas para ahí y para Pacha, pero nos quedaba más lejos), un par de horitas de fiesta con “caza” incluida y de vuelta en casa rozando las 7 de la mañana. Una noche inolvidable que nunca olvidaré.
Os voy a echar de menos