Como ir a Finlandia y no morir en el intento

Esta es una pequeña historia de como alguien intenta llegar de Valencia a Finlandia de la forma más tranquila posible.

Todo comienza un día que el susodicho decide comprar un billete de tren de Valencia a Barcelona para el 14 de Agosto a las 18:05, cuya llegada se estima a Barcelona-Sants a las 21:13. Acto seguido nuestro intrépido aventurero decide comprar un billete de avión de Barcelona a Helsinki cuya salida está prevista a las 23:50 y la llegada a las 4:40, nuestro querido amigo no quiere dejar nada en el aire y además busca el horario del autobús que le llevará finalmente del aeropuerto a casa, a las 5:55.

¿Qué puede suceder para que nuestro viajero esté a punto de matar a alguien? Nada importante, sólo un pequeño incendio a la altura de Silla que paralice durante más de dos horas todo el tráfico ferroviario. Los trenes empiezan a salir, pero su tren sigue sin tener la llegada en pantalla… 18:15… 18:30… y por fin un poco de esperanza… llegada prevista a las 19:00 y salida a las 19:05. Nuestro compañero de fatigas decide hacer un cálculo rápido… facturación cierra a las 23:10… el tren llega a Barcelona a las 22:13… la idea de llegar al aeropuerto en cercanías es desechada al instante y parece que la única forma factible de llegar es mediante un taxi.

Aún así, a riesgo de perder el vuelo y el gasto que ello supone (la cosa se podía ir ya a los 500€) nuestro amigo decide preguntar que sucedería en caso de perder el vuelo. Y aquí es cuando nuestra querida RENFE, la amiga de los niños, pone la maquinaria en acción. No hay lugar a reclamación, si pierdes el vuelo simplemente te jodes y bailas. Adorable país de pandereta.

Nuestro intrépido aventurero se mete en la sala club (la magia de comprar billete en preferente) y escucha como están dando prioridad a los Alaris porque mejor que un tren lleve mucho retraso a que muchos trenes lleven un poco… el resultado es que mi Euromed retrasa su salida hasta las 19:30, lo que sitúa a nuestro viajero de los putos nervios sabiendo que la llegada a Barcelona será a las 22:38.

Ya poco se puede hacer, el tren ha partido y nuestro amigo sólo puede disfrutar de la cena y de Wall-E mientras por lo bajito reza. Para completar el viaje le toca en un vagón con 4 críos maleducados con padres aún peores que ellos… si algo va mal, seguramente vaya a peor.

“Próxima estación Barcelona-Sants”, las 22:20… aún hay esperanza. El tren se detiene finalmente a las 22:30 y el viajero emprende una carrera frenética en busca de un taxi. Un amigo argentino le recoge y le lleva ipso-facto al aeropuerto… 15 minutos de reloj y con velocidades que llegan a 160km/h, sin duda se merece quedarse esos 3€ de cambio. A duras penas nuestro amigo logra facturar su maleta y es inevitable que se le dibuje esa sonrisa post-acojono cuando sabemos que todo va a ir bien, sin embargo la historia no termina aquí.

Facturar el último es lo que tiene, que te toca el peor sitio. Si vais en un MD-90 y tenéis el asiento 37F daros por jodidos, es en ventanilla, pero sin ventanilla y además estrecho. Lo gracioso es que el de delante se puede echar hacia atrás y terminar de joderte la vida, pero tu no puedes porque detrás de ti tienes una hermosa pared. Demasiadas horas de avión así, nuestro amigo espera que nadie se siente a su lado… premio!! Un grupo de amigos y el gordo justo en el centro… recordad, si algo puede ir mal… la oscuridad se cierne sobre nuestro aventurero.

Pero esta historia, como la mayoría, termina con final feliz, ese final inesperado en el que una azafata se acerca a ti y te dice que hay overbooking, que esos dos zamarros que tienes a tu izquierda tienen un amigo que está sin asiento y que si me importa irme a la primera fila (esa donde la gente ha pagado 400€ por billete), nuestro intrépido aventurero sólo puede resignarse e irse hacia allá, pero eso sí ahora con esa sonrisilla del que sabe que su viaje ha mejorado de 0 a 200 en 6 horas. Si algo va mal, también puede mejorar en unos segundos.